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Dícese es una joven editorial independiente, dedicada a difundir el trabajo de artistas latinoamericanos del ámbito de la historieta, la ilustración, la pintura y la escultura, así como al desarrollo de material formativo para futuros profesionales de la industria. Recientemente ha comenzado a editar literatura de ficción.

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Entrevista a Luciano Saracino

"La aventura es la punta de la flecha"

Por Hugo Montero

Revista Sudestada

Junio 2019

Nota en la web

Cienahorcados, en todo caso y más allá de su propuesta poética y metafórica, abre también una ventana hacia adentro del lector: sí, todos marchamos con nuestros monstruos a cuestas y convivimos con ellos, y cada quien sabe qué hará con ellos cuando llegue el momento. A ese disparador, Saracino le aporta la variable narrativa necesaria para emocionar y dejar pensando a quien se atreva a seguir el sendero de ese hombre, ese caballo y ese monstruo enigmático.

Reseña de Cienahorcados

Autora: Barbi Couto

Diario La Nueva Mañana (Córdoba)

Viernes 10 de mayo de 2019

Nota completa en la web

Abro el libro esperando una aventura, tal vez tipo western criollo con un toque de ciencia ficción. El “CIENAHORCADOS” de la tapa y el monstruo verde de seis ojos que camina pausado atrás del hombre a caballo me dan esa pista. Muy pronto mis expectativas se disuelven en la voz de Luciano Saracino, una voz diferente de la que le he leído antes. Una voz que hipnotiza desde el primer párrafo: “Montado sobre un caballo cansado y sin nombre, El Hombre atravesaba lentamente las distancias con un destino preciso pero sin la certeza de poder llegar a él”. El Hombre, el Caballo Sin Nombre, La Cosa, transitan a paso pesado, más pesado con cada página que avanza, por un páramo verde interminable, en camino hacia el árbol de Cienahorcados, que es el destino preciso y final del viaje.

Cada capítulo avanza de a poco, pero avanza hacia adentro no hacia adelante. Primero es un páramo, verde, interminable, donde El Hombre habla pero no quiere escuchar, lo que La Cosa dice, con voz encantadora y melodiosa sobre la belleza que observa a su alrededor. Donde uno, lector, empieza a identificarse, a resonar en las voces de uno u otro. Después es ese otro mundo, ese otro lado que es la fiebre, donde uno está solo con sus delirios, del otro lado de los tajos en el cielo, enfrentando la Nada y dejando de existir. Cuando aparece Tristeza, con ella llegan a la historia la espera, la observación, las lágrimas derramadas en silencio, porque “si algo sabe hacer Tristeza” es dejarse ver solo cuando ella lo decide. Y donde uno está dormido mientras el monstruo crece. En el trayecto final del viaje y antes de llegar aparece “una hermosa casita” donde está el amor ‘de para siempre’. El Hombre entiende al fin que todos tenemos un monstruo y la posibilidad de enfrentarse con un destino, antes del cual, al menos en estas historias, siempre habrá una muerte.

El libro, recuerdo entonces, se financió con una campaña de preventa que llevó adelante la editorial Dícese, sello joven que difunde el trabajo de artistas latinoamericanos de historieta, ilustración, pintura y escultura y que recién en estos últimos tiempos ha comenzado a editar literatura de ficción. Durante esos días de campaña Luciano decía en sus redes: “Mi tormenta grande llegó hace seis años y terminó por irse hace tres. Fue larga. Fue complicada. Dolió muchísimo. Durante esa tormenta escribí poco, en comparación a lo que venía escribiendo hasta ahí. Me encerré. Cambié de piel. Rompí los espejos. Y me puse a escribir una novela para adultos. Despacio, como a quien le duelen todos lo huesos, me senté y empecé a tipear”.

“Cienahorcados” es un viaje por el mundo interior, el de El Hombre, pero que es también el de cada uno de los que conformamos la Humanidad. La voz de Luciano interpela, resuena dentro, es la pregunta en la cabeza propia indagando ¿dónde está mi monstruo? ¿camina pausado y tranquilo detrás mío o lo llevo adentro con su voz irritantemente encantadora hipnotizando mi pensamiento?

La historia está acompañada con ilustraciones de Ariel Olivetti, precisas, sutiles y desgarradoras a trazo de tinta y mancha, que sin revelar mucho dicen lo suficiente. El libro, de formato pequeño y diseñado con todos los cuidados gráficos, engatusa, atrapa, como una conversación peliaguda con nosotros mismos, de esas que uno intuye que terminará mal pero que aún así debe dar.